- Cine

En Cartelera: Black Panther

Escrito por RENOLeído: 10.

 

Digámoslo otra vez: gracias James Gunn por demostrar que se podía juguetear con el modelo de película de Marvel Studios. Ojo, un modelo satisfactorio y sólido que, eso sí, podría haber caído en el aburrimiento o en la falta de ideas, de no haberse abierto el coco de la renovación con nervio y personalidad propias de los Guardianes de la Galaxia. Tras la experiencia con Gunn, Kevin Feige, arquitecto del universo expandido cinematográfico de la Marvel, ha tomado la sabia decisión de dar una generosa libertad creativa a los directores y guionistas que deciden estrenarse en su cortijo. Black Panther es una buena prueba de ello. Uno de los filmes del MCU más independientes y libres de ataduras.

Dejando de lado su importantísimo valor simbólico (el primer blockbuster de la historia y película de superhéroes mainstream dirigida, escrita y protagonizada casi en su totalidad por afroamericanos), la dupla formada por Ryan Coogler (el artífice de Creed: La leyenda de Rocky) y Joe Robert Cole ofrece lo que en esencia es un relato clásico de aventuras de pura cepa (la nuevas películas de piratas, espadachines o de viajes exóticos, son las de superhéroes) ambientado en el África negra.El dúo Coogler-Cole logra varios milagros: encajar con acierto y de forma orgánica las citas a otras franquicias (esos guiños a Fast & Furiousy a la saga de James Bond); conciliar de forma natural su condición de entrenamiento de masas con una vena política elegantísima y rica (la alegoría racial y el Movimiento por los Derechos Civiles se muestran aquí con diversas voces y no siempre coincidentes); apostar y generar interés por un reparto coral en el que, en realidad, solo hay un verdadero superhéroe; demostrar un gusto estético cuidado (la secuencia del travelling invertido para explicar un cambio de rol clave en la película y la buena planificación de las escenas de acción, que escapan del horror vacui); o, como decíamos antes, ir por libre en el MCU (casi no hay referencias al mismo), sin olvidar a la vez que se trata de una cinta de la Marvel (ese equilibrio es otro de sus aciertos).

Black Panther, como buen filme de aventuras de ley, es una historia de historias. Posee el sentido de la maravilla de Horizontes Perdidos de Frank Capra (ese África de fantasía que representa Wakanda), tiene un lado shakesperiano de crímenes, secretos y traiciones de familia, refleja un choque entre tradición y modernidad presente en los cómics originales, y maneja satisfactoriamente el humor festivo de los blockbusters (atención con Winston Duke y su M'Baku). Ahora bien, también se atreve con elementos de cosecha propia. A su ya citada naturaleza de alegoría racial en clave superherioca (algo casi inédito, es el Déjame salir del género) y de su homenaje fantastique a África (el continente que guarda el equivalente a la kryptonita de la Marvel y que da cobijo a una arcadia mitológica), hay que sumar la destacada presencia femenina en lo más alto del reparto. Los personajes de Lupita Nyong'o, Danai Gurira, Letitia Wright y Angela Bassett no solo son poderosísimos, sino que también se utilizan, en algunos casos, para romper estereotipos.

A favor: Andy Serkis sin careta y el África de fantasía que describe.

En contra: que una película como Black Panther haya tardado tanto en llegar.

En Cartelera: Todo el dinero del mundo

Escrito por RENOLeído: 3.

Christopher Plummer, en el papel encargado inicialmente a Kevin Spacey, el del magnate John Paul Getty, representa el capitalismo en el sentido más amplio de la palabra. Teniendo en cuenta el cometido del personaje en Todo el dinero del mundo, tan o más principal que el de su nieto secuestrado en Italia en 1973, John Paul Getty III, o el de la madre de este, encarnada por Michelle Williams, podríamos decir que el último trabajo de Ridley Scott es una película sobre el capitalismo en su acepción más feroz sin por ello tener que recurrir a los dramas intestinos en Wall Street.

Todo el dinero del mundo - Cartel

El secuestro en Roma, filmado en blanco y negro y con gestos pasolinianos (la conversación entre el joven Getty y unas prostitutas), no es más que el detonante o acicate para establecer un retrato, algo fracturado porque se trata de un filme desnivelado, del líder del clan Getty y la forma despiadada en que trató a los suyos, hijo, nuera y nieto, siguiendo el único patrón de vida que conocía, precisamente el del capitalismo. De hecho, en el vaivén temporal del relato, Scott inserta un breve episodio de 1948, cuando Getty empezó a amasar su fortuna con los pozos petrolíferos en Arabia Saudí: petróleo y capitalismo son dos conceptos indisociables.

Por lo demás, Todo el dinero del mundo es una película apuntalada en personajes absolutamente prescindibles como el que interpreta Mark Wahlberg, un ex agente de la CIA y amable mercenario que no utiliza pistola porque arruga los trajes. Al principio acata todas las órdenes de quien le paga, Getty senior, pero sin que el proceso esté conveniente y convincentemente explicado, acaba poniéndose de parte de la nuera del magnate, Gail Harris, la única que quiso y pudo plantarle cara.

Los hechos reales están más o menos respetados, más o menos novelados, con inclusión de otros personajes demasiado forzados como el de Romain Duris, el secuestrador que empatiza con el joven John Paul, y esas evidencias que tanto gustan a los cineastas poco sutiles como Scott: antes de ver al hijo de Getty y padre de Getty III dormitando bajo los efectos de la heroína en una casa de Marruecos, se escucha “Wild Horses” de The Rolling Stones, una canción sobre las separaciones y la dama blanca (luego sabremos que Getty II fue amigo de Mick Jagger en aquellos tiempos).

Esto es o pretende ser una crítica de cine, así que dejaremos de lado el espinoso asunto de Spacey. En todo caso, conviene citarlo solo para comprobar cómo se puede rodar un porcentaje elevado de una superproducción hollywoodiense en un tiempo record. Scott, con criterio de productor antes que de director –no quería que el escándalo Spacey manchara la carrera comercial del filme–, decidió substituirlo por Plummer y no retrasar la fecha de estreno prevista, por lo que tuvo que filmar de nuevo todas las partes de John Paul Getty (de él y con los otros personajes, y son bastantes), en menos tiempo del que se dedica a una producción de serie B.

A favor: El retrato nada velado que plantea del sistema capitalista, ayer y hoy.

En contra: Varios personajes sin ninguna entidad y un desenlace algo novelesco.

En Cartelera: Dans les forêts de Sibérie

Escrito por RENOLeído: 4.

Harto del mundo agitado y sin sentido en que vive, Teddy decide instalarse solo en Siberia, en pleno invierno. Se traslada así a una choza junto a la orilla del Lago Baikal. Después de un período inicial de alegría, euforia y emoción ante el esplendor y la magia de la naturaleza virgen que le rodea, Teddy pronto debe hacer frente a la parte menos brillante de las cosas: la soledad, el frío extremo, la necesidad de encontrar comida.

En Cartelera: Lady Bird

Escrito por RENOLeído: 4.

No he visto el primer largometraje como directora de Greta Gerwig –Nights and Weekends, 2008; anclado dentro del singular memento (más que movimiento) conocido como “mumblecore”-, así que la única predisposición frente a esta, bastante impresionante, Lady Bird, viene de su trabajo como (co)guionista junto a Noah Baumbach en películas del alcance cualitativo de Frances Ha (2012) y Mistress America (2015). Gerwig, como Woody Allen en sus mejores tiempos, suele situarse en el centro de la narración para así exponer los sinsabores de la mediana edad en la neurosis de la mujer neoyorquina de clase media. Con un pie en la comedia dramática de autoafirmación y otro en el cine romántico desesperado, la obra de Gerwig-Baumbach ha causado tantas pasiones –entre los que me incluyo- como rechazos, al tratarse de una obra que en su honda de introspección personal a veces se ha confundido con el egocentrismo.

primero sorprenda de Lady Bird-donde Gerwig se borra como actriz y cede su yo joven, cuál milagro de la transubstanciación, en una impresionante Saoirse Ronan- es que, siendo la película más personal de su directora, es a la vez la que proyecta un mensaje más global. En otras palabras: puede que Lady Bird esté basada directamente en la juventud de Gerwig en Sacramento (California), pero ello le sirve para formular un relato bellísimo sobre los miedos y los sinsabores de la adolescencia que, a base de hacerlo lo más cercano y posible, consigue proyectarse de una forma ciertamente universal. Curiosamente no es una cuestión de realismo cinematográfico, pues la película estaría más cerca de la obra de Miranda July que de Lauren Cantet (por citar dos cineastas que no pueden ser más antagónicos), buscando cierta poesía que emane del romanticismo de los actos, que no buscando un naturalismo a la europea (algo de lo que peca la obra de Baumbach).

De esta forma Lady Bird entraría en la liga de las grandes películas indies americanas sobre la adolescencia situando a una chica en su epicentro narrativo: Ghost World (2001), Juno (2007) o Rumores y mentiras (2010), serían grandes ejemplos de cómo la comedia se puede filtrar, casi de forma capilar, en un contexto tan atractivo para el conflicto dramático como es la juventud. Gerwig contextualiza la acción a través de una maravillosa chica-pájaro que, como todo adolescente, se siente alienada tanto a nivel social como familiar. Esa búsqueda por encajar, incluso donde ni siquiera quiere estar, dota a la película de una delicadeza quebradiza, señalando con alta perspicacia que en toda autoafirmación existe buena parte de confusión. Vamos, que uno no acierta a menos que se haya equivocado ya demasiadas veces.

Pero de todo lo que me gusta de la película de Gerwig (que es mucho) me quedo, especialmente, por cómo retrata la relación entra la protagonista y su madre protectora (Laurie Metcalf). El autocontrol melodramático aplicado por la cineasta convierte lo que podría ser una película de muchos gritos y pocos susurros en una historia de amor materno-filial tan compleja como emocionante. No es fácil ser hija, parece que diga Gerwig, pero aún más difícil es ser madre. Y hay tal honestidad en ese retrato que uno no puede más que rendirse ante una de las películas más delicadas e inteligentes de este finiquitado 2017.

A favor: Saoirse Ronan, Saoirse Ronan y Saoirse Ronan

En contra: Que aún falten muchos meses para su estreno comercial

En Cartelera: Cincuenta Sombras Liberadas

Escrito por RENOLeído: 65.

 

Tercera y última entrega de la trilogía que describe la turbulenta y sensual relación entre la joven Anastasia Steele (Dakota Johnson) y el seductor y exitoso magnate de los negocios Christian Grey (Jamie Dornan). Convencidos de que han dejado atrás las oscuras sombras del pasado, los recién casados Christian y Ana se sumergen en su estrecha relación y disfrutan de su matrimonio rodeados de una lujosa vida en la que Grey pone el mundo a los pies de la joven.

Pero justo cuando la pareja empieza acostumbrase a la estabilidad de ser la Sra. y el Sr. Grey, aparecen nuevas amenazas que pondrán su felicidad en peligro. Por un lado, están las infidelidades, cuando Ana conoce a Gia Matteo (Arielle Kebbel), la arquitecto que Christian contrata para reformar su flamante mansión. Pero lo más complicado será cuando el antiguo jefe de Ana, Jack Hyde (Eric Johnson), intente secuestrarla. Claro que Grey ha demostrado sobradamente que por encima de todo su deseo es proteger a Ana en todo momento. ¿Serán capaces de superar las fatalidades después del largo camino que han recorrido juntos?

Basada en la novela de 2012 Cincuenta sombras liberadas de la autora británica E. L. James, el director del film vuelve a ser James Foley

 

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