Cómo entender a Arjona

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ArjonaA la mayoría de la gente la música le da lo mismo. No le importa si es buena o mala, si la escribió Ludwig van Beethoven o Ricardo Arjona. Es la verdad. A poca gente le importa.

Por años he tenido que soportar a gente que dice: “No es tan malo” Supongo que para ellos, ver a un dealer vendiendo heroína a la salida de la escuela de sus propios hijos tampoco es “Tan malo” Insisto: Les da lo mismo.

Bien, pues a mí no. Creo que Ricardo Arjona es un exponente de la música popular, con intelectualidad de bisutería, que puede gozar de cierto éxito y fama. Pero el PRI también tiene esas cualidades y eso no quiere decir que sea lo mejor para todos.

Dejando de lado su escaso registro vocal y su graciosa fachada, quizás lo que resulta más pesado es la serie de “mensajes” que pretenden metamorfosear la realidad social de cualquier país, endosándole a la clase menos afortunada de cada pueblo, la culpa del drama social que se vive en cada uno de ellos.

Esto es inaceptable, no está bien idiotizar a un pueblo apelando al sentimentalismo barato, tal como hacen las telenovelas y realities ofrecidos por los Maîtres du Monde.

La consecuencia más peligrosa de este tipo de exposiciones, es que después, la clase más profana confunde cualquier palabra pedestre con poesía, como si Shakespeare o Baudelaire salieran de los huevos Kinder Sorpresa. Si a eso se le llama poesía, sería una muy burda, de tan baja calidad que no aportaría ningún elemento expresivo, estético, o de sensibilidad alguno.

Simplemente se trata de un afán premasticado que no lleva a una reflexión; coplas bastante torpes y por ello bastante fáciles de oír para el ama de casa, golpeada, sufrida y marginada que se engancha con despojo porque este tipo “la entiende”.

Lo peor es que estos conatos de letras no vienen solos. Vienen acompañados de un falsete de cantor de restaurante, de esos que te molestan mientras comes, y narrados encima de una música muy básica y de dudosa estofa, con pretensiones de enseñarte el sentido de la vida. Eso es lo que molesta.

Resulta fácil crear una frase que contenga conceptos opuestos como: “acompáñame a estar solo”, “llénate con este vacío” o “ese calor que me congela” para despistar a mentes débiles y hacer pasar estas líneas como doctrina.

Ahora elija palabras contundentes como “todo”, “nada” o “eterno” y conjúguelos para continuar con sandeces tan transitadas por la industria musical, que hacen desmerecer las frases de las tarjetas Hallmark de la edad media.

Pero mi Richard no está sólo. Junto a él hay “escritores” “locutores” y “presentadores” que viven en aquella entelequia. Imaginen al buen Ricardo musicalizara un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, narrado por Mariano Osorio o Toño Esquinca, Ah, verdad? Me queda claro que siempre hay cosas peores, pero en este caso, sólo hay algo más bajo que Arjona y son los Aleluyos. Por favor: distinga, compare, cuestione, escuche, no sólo oiga.

 

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