En Cartelera: Sicario: el día del soldado

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Posee esta secuela, en ocasiones superior a la, excelente, Sicario que dirigiera el canadiense e inquieto Dennis Villeneuve, una fuerza extraordinaria que no es solamente producto de la portentosa capacidad narrativa del recién incorporado a la saga Stefano Sollima. Si únicamente fuera por el pulso narrativo del firmante de Suburra o de series televisivas asimismo enmarcadas en el lado criminal de nuestra sociedad como antesala del Infierno, así, en mayúsculas, Sicario: El día del soldado sería ya un título, una obra sencillamente de ovación y aplauso.

Mirando a la violencia de frente, sin jamás dejarla en off (la táctica, que funcionaba de perlas, en el film anterior del autor de La llegada), Sollima nos prepara para ese desembarco en el universo nihilista donde la vida y la muerte no valen absolutamente nada. Desde los atentados terroristas que abren la película, mostrados de una forma cruda y bella (el plano secuencia en el supermercado, digno del que Joseph H. Lewis utilizara en el atraco de la esencial El demonio de las armas), hasta la ejecución a sangre fría de uno de los personajes centrales, el film busca golpearnos de manera contundente. No confundamos esta elección, que no ahorra al espectador incómodos instantes donde la sangre y la masa encefálica nos salpican sin compasión, con un amarillismo narrativo.

Lejos, muy lejos de ser un exploit violento de una historia que ya era violenta (mucho) en su precedente, Sicario: El día del soldado acaba siendo una reflexión sobre la capacidad de matar y de salvar; de morir y de vivir. Resulta más próxima, no sé si por el contagio con los escenarios desérticos fronterizos entre México y Estados Unidos, al imaginario religioso de autores como Alejandro González Iñárritu (hay cosas de ciertas partes de Babel, acaso sin una explícita voluntad de que se reconozca esa religiosidad, algo que se agradece) que a esa abstracción casi de ciencia-ficción que Dennis Villeneuve aplicó a Sicario, la cual podía interpretarse como la llegada de una terrestre (el personaje de Emily Blunt) a un planeta desconocido, letal, que era el del mundillo del narcotráfico y sus ramificaciones. Y es en ese redescubrimiento de la fe, del perdón, de la redención e incluso de la resurrección donde la secuela de Stefano Sollima, nuevamente escrita por Taylor Sheridan, se revela por encima de su precedente. En ello y en un Benicio del Toro asombroso, sobrenatural.

A favor: La relación entre la niña y el personaje de Benicio del Toro.

En contra: Que el terrorismo se quede en un 'macguffin'.

 

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