Los Caifanes

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Caifanes-11Por Reno:

La primera canción que me gusto de rock en un  idioma que no fuera el original fue de Los Caifanes, y mis gustos no volvieron a ser los mismos.

A mediados de los ochenta estalló lo que algún ejecutivo llamo “Rock en tu Idioma”. Hasta ese momento sólo Espacio 59 de a.m. programaba a unos desconocidos Fabulosos Cadillacs de Argentina, Nacha Pop de España, Océano de Panamá y a Los Caifanes de México DF. Fueron estos grupos entre algunos otros, los que cambiaron la programación musical de las estaciones pop y mejor aun, cambiaron el gusto musical de muchos mexicanos que esperábamos algo mas que el Tri, quien nunca dejo de aferrarse.

 

Fue un 11 de abril de 1987 en Rockotitlán, un lugar ubicado en Insurgentes Sur 953 aquí en el DF (y que además se convirtió en la catedral del Rock), que ví a Los Caifanes por primera vez, si te gustaba el movimiento tenias que ir forzosamente a Roco, que con los años forjó el destino del rock mexicano. En ese primer concierto, los asistentes que llenamos el lugar, teníamos el look “Cure”, igual que los Caifanes, quienes también estaban influenciados por el grupo Inglés que acababa de grabar kiss me, kiss me kiss me. Saúl Hernández salió con una guitarra, Sabo Romo estaba en el bajo, Diego Herrera en el sax y teclados, Santiago Ojeda en la guitarra y Jorge Arce en la batería. Ellos ya habían cambiado de integrantes y de nombres: “Las Insólitas Imágenes de Aurora”. Ahora lo hacían como Caifanes, y se seguían notando nerviosos, tocaron: Mátenme porque me muero, Viento, Amanece y otras. De eso hace ya 20 años.

Con el tiempo Jorge Arce salió y Alfonso André tomó las baquetas, grabaron con BMG el debut llamado Caifanes en 1988, después de que les dijeran en Sony que en esa compañía vendían discos y no ataúdes. Les fue bastante bien con el vinil (Gustavo Cerati grabo la guitarra en el tema “La bestia humana”), tanto que las otras compañías comenzaron a contratar gente para cazar a grupos en lugares como Roco y firmarlos.

No vamos a criticar los discos ni a decir cual es mejor o peor, basta con aceptar que los únicos cuatro discos de Caifanes se volvieron de culto para la escena de la música en este País y que sus canciones son auténticos clásicos del rock en español y que además han pasado por -hasta ahora- dos generaciones. Cuando Alejandro Marcovich se integró, le dió a Caifanes lo único que los podía mejorar: un sonido único. Sabo dejó el grupo un 30 de Abril de 1993 después de un conciertodespedida en el Palacio de Los Deportes, Diego le siguió un mes más tarde en un festival en Acapulco. Para estas alturas ya había mucho de “Caifán” en nosotros.

En plena grabación de “El Silencio (BMG 1992)” Saúl y Alejandro se pelearon, el productor: Adrian Belew, dice que Saúl llegó a los golpes y que  Alejandro nunca le contestó, a partir de ese momento pidieron camerinos individuales. El verdadero silencio comenzaba.

Dicen también que el apoyo de la raza en los conciertos para Alejandro le molestaba a Saúl, rumores así comenzaron y la ruptura finalmente se dió el 18 de Agosto de 1995 en San Luis Potosí.

Sólo nos dejan casi cincuenta canciones con las que nos tuvimos que conformar, su influencia musical y lírica es sustancial e importante: rica. Les debemos buena parte del soundtrack de nuestras vidas. Les extrañamos y nunca nos conformaremos con segundas partes. A veinte años, anhelamos ya otra banda que nos convenza, tanto, como lo hicieron Los Caifanes.

 

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