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En Cartelera: Rascacielos: Rescate en las alturas

Leído: 87.

 

Tiene su gracia que, para parte de la campaña promocional de Rascacielos: Rescate en las alturas, se haya optado por insistir en los paralelismos de ésta con la primera Duro de matar, en lugar de los más evidentes y visuales con Infierno en la torre. Sobre todo, por lo tentador que resulta estudiar las figuras de sus esforzados protagonistas, Bruce Willis por un lado y Dwayne The Rock Johnson por otro, y vislumbrar a través de ellas cómo han ido evolucionando el héroe de acción, y las formas de entender la masculinidad, en los 30 años que pugnan por separarnos del estreno del filme de John McTiernan. En éste, el protagonista era un tipo calvo, tirando a tirillas, fumador, alcohólico, haciendo frente con sarcasmo y retranca al mayor pifostio de su vida, que además le había pillado con una esposa respondona que a finales de los ochenta quería emanciparse y ocupar su lugar de trabajo. En Rascacielos: Rescate en las alturas, sin embargo, tenemos a Sawyer, una masa ingente de músculos tatuados consciente en todo momento de la gravedad del asunto, y que hará todo lo posible por salvar la vida de su mujer e hijos, sin hacerle ascos a que ésta sea Neve Campbell y, como final girl que ha sido siempre, también se permita dar sus buenas hostias. 

En principio, pareciera que la evolución ha sido para mejor, aunque por el camino hayamos perdido el ingenio del libreto de Jeb Stuart y Steven E. de Souza, y la vulnerabilidad y cercanía que inspiraban con pasmosa facilidad las desventuras de John McClane. Por mucho que aquí hayan querido hacer de Sawyer un pobre currante de pasado traumático y pierna ortopédica fruto de éste —pierna ortopédica a la que acabará encontrándole los más contundentes e insospechados usos, ya que pasamos por aquí—, es difícil imaginarlo gritando de dolor tras pisar un pedazo de cristal, o encontrando un rato para comunicarle a su némesis de forma creativa que ahora tiene una ametralladora, ho, ho, ho. Sawyer es un tipo serio. Un tipo de los de antes, incluso de antes de McClane, que no se queja, no duda, y mucho menos pierde tiempo en guiñarle un ojo al espectadorEl rascacielos prefiere, en cambio, que sea la propia puesta en escena quien lo haga, proponiendo un espectáculo agotador de puro ridículo, que se lo juega todo a caerle en gracia al público, y que sólo así éste pueda no ya perdonar, sino directamente abrazar con placer, sus excesos. 

Sellado este pacto, se yergue ante nosotros una película absurda de lo más convincente, que juega con la suspensión de credibilidad del respetable hasta el punto de agarrarla, estrujarla, y moldearla con el fin de dejarla convertida en un divertidísimo esperpento vendesuscripciones de gimnasio. Secuencias como la de Dwayne Johnson escalando una grúa a puro huevo rivalizan con aquélla tan célebre de Fast & Furious 7 —en la que reventaba una escayola marcando bíceps— a la hora de ejemplificar la gran cantidad de placer desacomplejado que este tipo siempre ha querido proveernos, mientras que otras como el tiroteo en la sala de espejos dan cuenta de la cinefilia mostrenca e hipertrofiada con la que juega muy animosamente Rascacielos: Rescate en las alturas. Porque que una película como ésta se vea reflejada en Orson Welles (o en Woody Allen) a la hora de plantear su clímax es de un disparatado sumamente encantador, y en éstas cómo no vamos a tener que proclamarla preventivamente como la quintaesencial película veraniega. Digo yo. 

Por supuesto, Dwayne Johnson es alguien demasiado majete como para pasarse noventa minutos con el ceño fruncido, y a medida que transcurre el metraje es inevitable que acabe contagiándose de la absurdez que todo lo que le rodea, al tiempo que se van introduciendo pequeños destellos del McClane que lleva dentro. El ya citado uso de la pierna ortopédica, así como la importancia que la cinta adhesiva acaba obteniendo en el devenir de la trama, sirven por sí solos para construir a un personaje monolítico pero creíble dentro del contexto que maneja la película —que minutos antes ha querido coquetear con el sci-fi en su entusiasmo por vender las bondades tecnológicas del susodicho rascacielos—, y son mucho más elocuentes que todas las escenas empleadas en subrayar lo buen padre que es, y lo mucho que quiere a su mujer. Por suerte, esta cursi exaltación de los ideales familiares que tanto escepticismo causaban en el personaje de Bruce Willis se limita a la terriblemente larga introducción y a pequeños momentos donde es necesario reforzar la voluntad de Johnson de repartir collejas, y El rascacielos, aunque difiera tanto del clásico de 1988 en fondo y forma, se las acaba apañando para mantener la maquinaria de entretenimiento en fluctuación constante. Que es un poco, a nivel básico, lo que hacía Duro de Matar y por lo que todos la recordamos.

En Cartelera: Pesadilla en el Infierno

Leído: 8.

 

Beth y Vera heredan junto a su madre una misteriosa casa. La primera noche que pasaron allí sufrieron un brutal ataque por parte de unos psicópatas, a los que llegaron a sobrevivir pero con grandes estragos. Alejada de su terrible pasado, Beth se ha convertido en una exitosa escritora de novelas de terror, ha rehecho su vida y creado su propia familia. Por el contrario su hermana no ha tenido la misma suerte.

Después de 16 años Beth vuelve a casa para reencontrarse con su madre y su hermana. Será entonces cuando descubra que Vera se ha convertido en una maniaca auto-destructiva que está perdiendo la cabeza. Su vuelta será un regreso al pasado que desencaderá extraños sucesos.

Una película dirigida y escrita por Pascal Laugier

En Cartelera: Hotel Transylvania 3: Monstruos de Vacaciones

Leído: 8.

 

¡Toda la pandilla está de vuelta! Y esta vez vez, Drácula, su hija Mavis, su yerno Johnny y su nieto Dennis, además de toda la troupe de monstruos, se van de crucero. Y es que Mavis sorprende a su padre con un viaje sorpresa en un crucero de lujo para monstruos, así que Drácula tendrá que tomarse unas vacaciones de su trabajo en el Hotel. Como no pueden resistirse a la tentación de ir, el grupo de amigos formado por la momia, el hombre lobo y el gelatinoso Blandi, se unirán a esta aventura en barco.

Una vez en alta mar, el conde Drácula conocerá a Ericka, la misteriosa capitana de la embarcación con la que vivirá un romance. O al menos lo intentará, ya que la sobreprotectora Mavis se esforzará por mantenerlos separados. Todo se complicará cuando descubran que Ericka es en realidad la descendiente de Van Helsing, el archienemigo de Drácula y de todos los monstruos.

Esta tercera entrega de la franquicia Hotel Transilvania vuelve a estar dirigida por Genndy Tartakovsky.

En Cartelera: Una familia peculiar

Leído: 8.

 

Denis Patar es un padre cariñoso, pero con exceso de trabajo, que lucha solo por sacar adelante a sus hijas, Janis de 13 años y Mercredi de 9 años. Una noche olvida recoger a una de ellas en la escuela y una trabajadora social se da la tarea de investigar el funcionamiento de la familia Patar. Denis se ve obligado a tomar un "curso de paternidad" para evitar perder la custodia de sus hijas. Un entrañable retrato de una familia poco común.

En Cartelera: Ant-Man y Wasp

Leído: 237.

 

Cuando Ant-Man se estrenó hace tres veranos la verdad es que no podía haberlo tenido más difícil. Por un lado, la salida de Edgar Wright del proyecto había predispuesto los ánimos a percibir el esfuerzo de Peyton Reed como incapaz de dignificar, o inyectarle un mínimo de personalidad, a un producto roto. Por otro, meses antes se había estrenado, rodeada de 'hype' y polémicas análogas —ya que Joss Whedon también había sido nominado para abandonar la casa (de las Ideas)—, la monumental Vengadores: La era de Ultrón, ambicioso 'crossover' que trató de replicar el impacto de la Vengadores primordial, fracasando miserablemente. Aún así, el regreso a historias de origen, más mundanas e íntimas, es posible que le diera pereza a más de uno, y la secuela, Ant-Man y la Avispa, se ha encontrado en esta misma coyuntura. Después de Vengadores: Infinity War y esos angustiosos últimos minutos, ¿de verdad esperan que nos traguemos con las desventuras de un tipo cuyo poder es, eh, encogerse? ¿Acompañado de una tipa cuyo poder es el mismo… pero con alas? Y la respuesta es sí, que lo esperan. Y que, por supuesto, te lo vas a tragar.

Más allá de los remiendos, y de lo doloroso emocionalmente que era imaginarse a Wright haciendo las maletas, la primera Ant-Man se reveló en su momento como una de las propuestas más frescas que habían salido de la factoría. No tanto por cómo afianzaba los pasos en el camino abiertamente humorístico inaugurado por Guardianes de la Galaxia, sino por cómo gestionaba una suerte de hibridación con el cine de atracos, y decidía erigir como máximo protagonista al tipo más patético del Universo Cinematográfico de MarvelScott Lang, encarnado con comodidad e intuición por Paul Rudd. Y estas virtudes se mantienen a pleno rendimiento en Ant-Man y la Avispa, donde ahora además Rudd se escribe parte de los diálogos —una decisión que encuentra inmediato precedente en el Deadpool 2 con Ryan Reynolds, y que no podría estar más atinada—, y la trama nos concede aquello que Vengadores: Infinity War nos escatimó por cuestiones logísticas: espacio para los personajes. 

Así, sucede que Ant-Man y la Avispasin ser tan sorprendente como la entrega inicial, es capaz de lograr que todos y cada uno de sus protagonistas brille por igual, sin ser constantemente eclipsados por un Rudd en perpetuo estado de gracia. Ni que decir tiene, la mayor relevancia que aquí acoge Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) es la mejor idea del guión, afianzando ese contrapunto enérgico y decidido a la torpe desidia de Scott Lang que ya nos deparaba los momentos más memorables en la primera Ant-Man; pero, al igual que sucedía en la anterior película de superhéroes con dos nombres en el título —sí, ¿no os acordáis de ella?, Batman & Robin—, los secundarios que rodean a dicha dupla también se quedan con una parte importantísima del pastel. Michael Douglas está graciosísimo como el Ant-Man original que se ha quedado en vejete gruñón; Walton Goggins sigue perfeccionando ese fantástico rol de “villano a su pesar que preferiría estar en su casa jugando al FIFA” que ya le descubrimos en Tomb RaiderHannah John-Kamen inyecta profundidad y tragedia a la primera antagonista femenina que no se limita a estar encantada de conocerse; y Michael Peña… en fin, todos queremos a Michael Peña. Y aquí su Luis, aunque sin demasiado tiempo para hacerse un lío con sus historias, sí encuentra el suficiente para exigir un 'spin-off' cada vez que asoma la jeta.

Pero la mayor prueba de que Ant-Man y la Avispa, antes que a escenas de acción mucho más rápidas y dinámicas de lo acostumbrado, se lo juega todo a sus personajes, se encuentra en su clímax. Allí, en lugar de decantarse por una batalla épica, o por una pirueta que reafirme la excentricidad del producto —como ocurría en Ant-Man con su descacharrante pelea en el tren de juguete—, la película de Peyton Reed nos conduce a una genialérrima persecución a la que sólo le falta un banjo como banda sonora, integrada por varios equipos en busca de un mismo objetivo que no para de cambiar de manos. No es ya sólo que pase por ser un formidable (¿e involuntario?) homenaje al plano secuencia de Tintín y el secreto del Unicornio, es que es maravilloso sentir cómo el verdadero placer de la escena se extrae de las reacciones de todos esos personajes al devenir de la acción. Luis flipando con todo lo que ocurre, Sonny (Goggins) arrepintiéndose constantemente de no haber estudiado, la Avispa cumpliendo eficazmente su misión, y Scott Lang, nuestro pobre Scott, sin ver el momento de volver a casa con su hija. Ésta es, de verdad, una película espoleada por personajes entrañables y humanos. Esto es, de verdad, Marvel.

A favor: El oasis de cercanía y ligereza que supone tras la agotadora Infinity War.

En contra: Lo desaprovechadísima que está Michelle Pfeiffer.

En Cartelera: La maldición del Diablo

Leído: 57.

 

Mary (Christie Burke) está embarazada de gemelos, pero en el momento de dar a luz sólo uno de ellos sobrevive. Mientras intenta superar este duro golpe, no para de sospechar que un ente sobrenatural y maligno, quiere arrebatarle a su hijo Adam. Mary intenta protegerle a toda costa convirtiéndose en una obsesión, que le pondrá en contra de todas las personas que están a su alrededor.

En Cartelera: Un final feliz

Leído: 57.

 

El largometraje presenta a una familia burguesa europea que está presenciando el final de la vida de uno de sus miembros, George, el que se dedica a recordar los tiempos pasados y mejores.

A esta trama se le suma la situación actual de la crisis de los refugiados y la cuestión de la migración, aunque solo supone una parte de lo que se cuenta en Happy End.

En Cartelera: Locos de amor

Leído: 57.

 

Una madre soltera y el hombre que no ha podido olvidarla desde que tenía 23 años. Una mujer que anhela ser madre y un padre soltero en sus cincuentas que solo piensa en ella. Un hombre descorazonado que empieza a salir con una conductora que da consejos de amor en la radio. Y una mujer madura que llega de Miami buscando nuevas experiencias. Una alocada y divertida comedia musical donde los personajes descubrirán que nunca es tarde para volver a estar Locos de amor.

En Cartelera: Sicario: el día del soldado

Leído: 303.

 

Posee esta secuela, en ocasiones superior a la, excelente, Sicario que dirigiera el canadiense e inquieto Dennis Villeneuve, una fuerza extraordinaria que no es solamente producto de la portentosa capacidad narrativa del recién incorporado a la saga Stefano Sollima. Si únicamente fuera por el pulso narrativo del firmante de Suburra o de series televisivas asimismo enmarcadas en el lado criminal de nuestra sociedad como antesala del Infierno, así, en mayúsculas, Sicario: El día del soldado sería ya un título, una obra sencillamente de ovación y aplauso.

Mirando a la violencia de frente, sin jamás dejarla en off (la táctica, que funcionaba de perlas, en el film anterior del autor de La llegada), Sollima nos prepara para ese desembarco en el universo nihilista donde la vida y la muerte no valen absolutamente nada. Desde los atentados terroristas que abren la película, mostrados de una forma cruda y bella (el plano secuencia en el supermercado, digno del que Joseph H. Lewis utilizara en el atraco de la esencial El demonio de las armas), hasta la ejecución a sangre fría de uno de los personajes centrales, el film busca golpearnos de manera contundente. No confundamos esta elección, que no ahorra al espectador incómodos instantes donde la sangre y la masa encefálica nos salpican sin compasión, con un amarillismo narrativo.

Lejos, muy lejos de ser un exploit violento de una historia que ya era violenta (mucho) en su precedente, Sicario: El día del soldado acaba siendo una reflexión sobre la capacidad de matar y de salvar; de morir y de vivir. Resulta más próxima, no sé si por el contagio con los escenarios desérticos fronterizos entre México y Estados Unidos, al imaginario religioso de autores como Alejandro González Iñárritu (hay cosas de ciertas partes de Babel, acaso sin una explícita voluntad de que se reconozca esa religiosidad, algo que se agradece) que a esa abstracción casi de ciencia-ficción que Dennis Villeneuve aplicó a Sicario, la cual podía interpretarse como la llegada de una terrestre (el personaje de Emily Blunt) a un planeta desconocido, letal, que era el del mundillo del narcotráfico y sus ramificaciones. Y es en ese redescubrimiento de la fe, del perdón, de la redención e incluso de la resurrección donde la secuela de Stefano Sollima, nuevamente escrita por Taylor Sheridan, se revela por encima de su precedente. En ello y en un Benicio del Toro asombroso, sobrenatural.

A favor: La relación entre la niña y el personaje de Benicio del Toro.

En contra: Que el terrorismo se quede en un 'macguffin'.

En Cartelera: El monstruo de las nieves

Leído: 128.

 

Nelly es una detective y Simon es un investigador de ciencia que deben trabajar juntos en una loca aventura para probar la existencia del Monstruo de las Nieves. Para lograr este objetivo Simon sigue el diario de un explorador desaparecido donde da la ubicación de la guarida secreta de la criatura. Acompañados de Tenzig el guía y Jazzmin un pájaro parlanchín, estos héroes se enfrentan a una serie de peligros en los Himalayas mientras buscan a el legendario monstruo.

En Cartelera: El alma de la fiesta

Leído: 135.

 

Deanna (Melissa McCarthy) es una buena esposa, buena madre y buena ama de casa. Lleva una vida completamente acomodada. De repente, un día todo su mundo se transforma cuando su marido inesperadamente la abandone.

Será entonces cuando Deanna decida volver a la universidad y obtener su título. Coincidirá en la misma clase y vivirá con su hija, que no está del todo segura de la alocada decisión de su madre, y el resto de amigas. Se integrará de lleno en la vida universitaria llena de fiestas nocturnas y alocadas relaciones con los chicos. Una experiencia que la hará econtrarse con ella misma en el último curso de carrera.

 

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