- Cine

En Cartelera: Mio o de nadie

Leído: 77.

Tessa Connover se ha separado de su marido y ahora tiene que aceptar que éste se ha vuelto a casar con una joven llamada Julia Banks. Poco a poco las dos mujeres entablan lo que parece una relación de amistad, pero Tessa en realidad busca recuperar la vida que ha perdido y hará cualquier cosa por conseguirlo. ¿Su marido hubiera vuelto con ella si no hubiera conocido a Julia? Tessa está dispuesta ha averiguar cada error que cometió la joven en el pasado y utilizarlo en su favor.

En Cartelera: Nunca digas su nombre

Leído: 5.

Nunca digas su nombre es, aunque no lo parezca a primera vista, la primera película de su directora, Stacy Title, que más puede asemejarse a una producción comercial si se tiene en cuenta su trayectoria dentro del cine de terror, siempre en unos contornos más o menos adscritos a la serie B, como demuestran películas como La última cena (1995), El diablo vestido de negro (1998) o Hood of Horror (2006). Sin embargo, Nunca digas su nombre no llega en todo momento a alejarse de ellas, en este caso, suponiendo un lastre para el desarrollo de la película en tanto a que acaba confiriendo a sus imágenes de un tono de indecisión que conlleva finalmente una cierta despersonalización.

La profesora - CartelLa película comienza de manera brillante, con un plano secuencia, con lo que entronca la película de Title con, por ejemplo, las recientes It Follows o Déjame salir, al crear desde el inicio una atmósfera y un contexto, casi irreal en contraste con el estilo visual que irá imponiéndose a lo largo del metraje. Elegante y magníficamente planificado, este plano secuencia, sin embargo, supone un preludio que engancha de manera tan rápida pero, poco a poco, Nunca digas su nombre se encarga de ir alejando el interés al introducirse por derroteros visuales más convencionales, en algún momento, incluso, francamente mal elaborados, con lo que la película se relaciona con el resto de producciones de Title. El problema reside, en esta ocasión, en que la producción se percibe mucho mayor.

Sin embargo, Nunca digas su nombre es una película que resulta simpática a pesar de la sensación de que todo aparece avanzar a trompicones, más por inercia que por una construcción mínimamente recapacitada. Si bien va de más a menos de una manera clara, no se puede negar que el planteamiento y, en muchos momentos, su resolución visual, no posee fuerza e interés. La idea vehicular es simple: un ente sobrenatural se manifiesta en una casa ocupada por tres jóvenes universitarios; una vez descubierto el nombre de dicho ente, deben evitar que otros lo pronuncien para que así no se propague el terror a modo casi de virus. Lo interesante reside en que una vez infectados, los personajes enloquecen poco a poco, perdiendo incluso la conciencia con respecto a sus actos: pueden cometer crímenes sin ser conscientes de estar haciéndolo, algo que Title no desarrolla en profundidad a la hora de elaborar una mirada más reflexiva sobre la locura. Tampoco importa, en realidad, demasiado. Porque a lo largo de la película consigue, a través de los personajes, trabajar medianamente bien cómo sus miedos más profundos se manifiestan de modo paranoico.

Las buenas ideas del guion de Jonathan Penner, marido de Title, van perdiendo fuerza según avanza la película, como si una vez expuestas no fuese necesario ahondar más en ellas, a pesar de que es suficiente como para conseguir que Nunca digas su nombre sea una producción de terror más que decente. El problema, como decíamos, se encuentra en que la puesta en escena pierde fuerza y personalidad paulatinamente, aunque Title sea capaz de introducir cierta ironía en lo relatado, algo que ayuda, y no poco, al desarrollo argumental. La crudeza de la resolución es poco condescendiente, elemento también muy apreciable, e incluso, con ella, la descendiente calidad de las imágenes de la película acaba teniendo su lugar en ese final que, por otro lado, deja la sensación de que Title ha perdido la oportunidad de haber realizado una película mucho más elaborada visualmente. Quizá su larga experiencia en cierto cine de terror ha acabado imponiéndose de manera negativa a la hora de conferir a Nunca digas su nombre de la misma potencia visual que tenía su arranque o algunos momentos aislados de su primera parte, antes de que todo acabe derivando hacia la investigación de los hechos –que apenas importan- y los consecuentes flashbacks que, tras la secuencia inicial, terminan siendo mero relleno.

Lo mejor: El plano secuencia inicial y la idea de un mal que hace explícitos los miedos internos de los personajes.

Lo peor: La desidia paulatina en la puesta en escena que tiene su cénit en la secuencia con Faye Dunaway, casi de vergüenza ajena.

 

En Cartelera: Lo que en verdad importa

Leído: 5.

 

Alec vive en Inglaterrra, trabaja arreglando aparatos eléctricos en una empresa que no va bien económicamente, se acuesta con mujeres casadas y bebe alcohol como si no hubiera mañana. Su vida es un completo desastre hasta que un día, su tío Raymond le propone pagar todas sus deudas a cambio de irse a vivir al extranjero durante un año, en concreto, a Nueva Escocia. Una vez allí, el joven intenta buscar trabajo en la pequeña localidad en la que vive y descubre que tiene el don de curar a las personas, pero ni siquiera cree en su propia habilidad. En su lucha por comprender su nueva realidad, una adolescente con cáncer le mostrará el camino.

Lo que de verdad importa es una comedia escrita y dirigida por Paco Arango

 

En Cartelera: A fondo

Leído: 5.

 

El género que mejor está funcionando en nuestro país vecino es la comedia. No es algo que debiera extrañarnos, no únicamente porque entre nosotros sucede lo mismo (ahí está el reciente éxito en taquilla de Es por tu bien, un artefacto cómico más francés de lo que parece), sino porque a lo largo de su historia eso ha sido una realidad. Dentro de este boom (o Boon, Danny Boon) deberíamos hacerle un lugar especial a esta A fondo y a sus gamberros responsables por su voluntad de añadir a los ingredientes imprescindibles de las tartas cómicas galas algunos elementos nuevos, modernos. El primero de ellos ya lo habían utilizado en su anterior film, un fenómeno en su país de origen y un fracaso en el nuestro: un tratamiento de la imagen, de la narración, del lenguaje visual procedente del videoclip, de internet y de la televisión. 

También A fondo se erige (como en el found footage de su previo trabajo de presentación) sobre un ejercicio de estilo, un tour de force que es el de circunscribir (casi) toda la acción en el interior de la furgoneta familiar, la verdadera protagonista de la película. No es para menos cuando A fondo no deja de ser una versión tremendamente divertida de Speed (que también era divertida) con ese vehículo desbocado por las carreteras galas incapaz de frenar y de bajar de los 130 kilómetros hora a los que va. Desbocada y desenfrenada es asimismo la actuación del reparto, todos ellos compitiendo en quién habla más rápido, replica con más celeridad, insulta con el cronómetro en la mano para batir un récord y pone caras raras como si quisieran desbancar del pódium al intocable Louis de Funès. De hecho, citar al genio de los genios del humor francés no es gratuito, no sólo porque la mayoría de las comedias de esa nacionalidad lo hacen (Dany Boon el primero), sino porque en la añeja Caídos sobre un árbol también toda la acción transcurría en el interior de un vehículo, en aquel caso un automóvil accidentado. En esa rapidez expositiva y de concepto, en cómo van pasando ante un paisaje a ratos surrealista y muy crítico con esa gloria francesa rural de la campiña (atentos a la colleja al cine de Becker, el hijo), A fondo llega a la meta arrasando con todo y todos. Lo menos que se le puede pedir a una comedia.


A favor: 
cómo hace del desmadre y lo veloz un estilo.
En contra: 
a ratos su humor es muy francés

 

 

En Cartelera: Almacenados

Leído: 8.

Un encargado a punto de jubilarse y el joven destinado a sustituirle comparten cinco jornadas en un mismo lugar, un enorme almacén vacío donde aparentemente nunca ocurre nada. El paso del tiempo en un reloj desajustado, el incómodo silencio entre dos desconocidos obligados a un espacio, la inmovilidad del almacén-en el que paradójicamente subyace la diminuta pero frenética actividad de un hormiguero-, la desesperación de la espera, el conflicto generacional entre ambos personajes, el peso de una gran mentira…. Todo esto irá forjando entre ellos un vínculo inquebrantable, algo que les unirá para siempre: la conciencia de los perdedores comparten cinco jornadas en un mismo lugar, un enorme almacén vacío donde aparentemente nunca ocurre nada.

 

En Cartelera: Yo Daniel Blake

Leído: 7.

 

¿Cómo debería ser en este siglo XXI el cine social y comprometido con los más desfavorecidos? ¿Los relatos audiovisuales de hace 25 años continúan siendo válidos para explicar la realidad y para agitar las conciencias contemporáneas? ¿De qué hablamos hoy en día cuando mencionamos cine social? ¿Existen las líneas rojas de melodrama e impostación a la hora de intentar retratar a los más desfavorecidos? ¿Hay que ir en busca del tremendismo dramático o, por el contrario, mostrar contención? ¿A quién van dirigidas todas estas películas que se acercan a las realidades de los desclasados? No son preguntas para nada baladíes, todas ellas nacidas un poco a vuelapluma tras el visionado de Yo, Daniel Blake, la última película de Ken Loach y controvertida Palma de Oro en el reciente Festival de Cannes. Ahí están, en cada uno de sus fotogramas y de sus líneas de diálogo, aunque también sirven para otras tantas cintas que se han acercado a la clase depauperada especialmente en estos años de crisis. Que no son pocas.

Todas estas cuestiones, en suma, no son ajenas al tipo de cine que practica Ken Loach desde que se hizo un lugar en el cine de autor europeo con un discurso cinematográfico que desde siempre ha apostado por denunciar los azotes del neoliberalismo de Margaret Thatcher mucho antes de que todos nos preguntáramos cómo y porqué hemos llegado hasta aquí. Y por eso no es de extrañar que el director británico de nuevo insista en las heroicidades de la clase trabajadora en Yo, Daniel Blake, a pesar de que no se trate de su película más redonda.

Porque a pesar de que sea admirable que Loach de nuevo preste su narrativa, otra vez junto al guionista Paul Laverty, a dar voz a aquellos a quienes el sistema intenta enmudecer, estamos ante un largometraje con demasiadas carencias en materia de relato. Que la historia del malogrado Blake sea una acumulación de desgracias es ya casi un lugar común en este tipo de películas, que transforman el cúmulo de miseria en un puñetazo emocional a los espectadores. No vamos a decir aquí que no es un recurso eficaz, a la vista están los premios y las reacciones del público, pero a día de hoy es perezoso. Pero si al menos esas penurias estuvieran cohesionadas en una estructura cinematográfica que buscara soluciones en vez de atrincherarse, como de hecho en un momento de la película hace el protagonista de la cinta, y que no dejara cabos sueltos, como la trama paralela de los vecinos de Blake, unos jóvenes que mercadean con zapatillas de marca falsas, tal vez estaríamos delante de una obra con algo más de calado.

No obstante, los agujeros de la historia no son lo único que desequilibra la película. Al hilo de la batería de preguntas que se lanzaban en el inicio de este texto, el Loach de Yo, Daniel Blake está anclado en un modelo cinematográfico que parece no querer avanzar o, como mínimo, ir en busca de otras estrategias desde las que dar voz a las clases desfavorecidas. Decir que Loach está acomodado quizá no sea justo para un director que precisamente se ha erigido como un resistente de los envites neoliberales, pero su mensaje corre el peligro de quedar obsoleto para un público que necesita más que nunca otro tipo de representaciones de las desigualdades económicas más vividas y menos alejadas del cliché de la miseria.

A favor: Que todo lo que se explica en la película es tristemente una realidad

En contra: La poca pericia narrativa de Loach

 

En Cartelera: Sopladora de hojas

Leído: 5.

Lucas, Emilio y Rubén son tres adolescentes unidos por la amistad. Hoy están juntos en una misión muy especial: encontrar unas llaves perdidas en un montón de hojas secas. Parece una tarea sencilla, pero se convertirá en toda una odisea, cuando la situación los confronte con sus propios miedos: dejar ir el pasado, confesar verdades dolorosas, atreverse a tomar riesgos… crecer. Esta tarde podría cambiar el rumbo de sus vidas. O tal vez no.

 

En Cartelera: Alien Covenant

Leído: 122.

 

Han tenido que pasar cinco años para que empiece a cobrar sentido una de las decisiones más arriesgadas que ha tomado Ridley Scott en su carrera. ¿Regresar a la ciencia-ficción después de una eternidad haciendo películas en las que lo único que parecía repetirse era la presencia de Russell Crowe? ¿Competir desde su condición de veterano en un mercado de blockbusters que no respetan más galones que los millones del primer fin de semana? ¿Indagar en los orígenes de su criatura más querida y temida? Todo eso lo tenía bajo control. Lo que iba a ser muy complicado de explicar era por qué demonios no aparecía la palabra “alien” en el título de lo que se había anunciado como “la precuela de Alien”. La palabra clave era “coherencia”. Prometheus formaba parte de esa cronología, estaba situada 30 años antes de que Ripley se enfrente a su primer xenomorfo a calzón quitado, pero eso no significaba que tuviera que ser necesariamente una película de Alien. Mismo universo, sí, pero el foco estaba en otra parte.

En Cartelera: El Rey Arturo

Leído: 47.

 

El audaz Arthur (Charlie Hunnam) es un joven que vive en las calles de Londonium, actual Londres, donde dirige a su pandilla por los callejones de la ciudad. Su vida da un giro inesperado al toparse con la espada Excalibur, que marcará su futuro. Será entonces cuando Arthur se vea obligado a tomar algunas decisiones difíciles. Por un lado, tendrá que aprender a dominar esta espada y los poderes que conlleva. Además, se encontrará con nuevos personajes como una joven misteriosa llamada Guinevere (Astrid Bergès-Frisbey), y con nuevos retos como defender al pueblo de la tiranía del malvado Vortigern (Jude Law).

 

En Cartelera: Los Herederos

Leído: 42.

 

Coyo es un adolescente de 15 años que vive en un vecindario suburbano. Entre el ocio y la efervescencia adolescente, Coyo y sus amigos consumen las vacaciones en alcohol, chicas, fiestas y cualquier aventura que les brinde un poco de adrenalina. Ellos recurren a la violencia para entretenerse y saciar sus delirios de autoridad. Son chavos que no tienen límites y el estrato social al que pertenecen los hace sentir que son los reyes de la colonia. Las hazañas de Coyo y sus amigos van subiendo de tono y gravedad hasta que una de ellas provoca un terrible accidente y lo que parecía una travesura inofensiva, termina convirtiéndose en un crimen con graves repercusiones.

 

En Cartelera: Un saco de canicas

Leído: 43.

 

Maurice y Joseph son dos jóvenes hermanos judíos que viven en la Francia ocupada por los nazis. Ambos tendrán que demostrar un increíble valor e ingenio para tratar de escapar del enemigo y reunirse así de nuevo con su familia.

 

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