Indigentes en CDMX: ¿Problema económico, mental o social?

Cuando vemos un comercial de alguna agencia de viajes, lo más común es que nos muestren la belleza de la arquitectura de los destinos, las comodidades que podemos disfrutar en los alojamientos y por supuesto, un sinfín de paisajes en los que… mágicamente todas las personas son felices y si nos apuramos, hasta podemos deducir un nivel socioeconómico alto a simple vista.

Sí… los cuentos de hadas son maravillosos, pero, como dictan los cánones, la realidad dista mucho de todo aquello que idealizamos. Hasta hace apenas un año el INEGI incluyó dentro del censo de población y vivienda, a todas aquellas personas en situación de calle, arrojando que tan solo en la CDMX hay 1 MIL 266 personas en dicha situación, aunque por supuesto, la cifra puede ser muy engañosa.

Las alcaldías que registraron una mayor presencia fueron: Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Gustavo A. Madero e Iztapalapa. Por supuesto, aquí es donde comienza el debate, ya que, las personas en situación de calle podrían considerarse como la expresión máxima de la pobreza extrema en México, sin embargo, dicha aseveración es errónea, ya que, no toma en consideración los vínculos familiares quebrantados, ni muchos menos la salud psicoemocional de los individuos.

La cuestión clave NO es saber cuantas personas en situación de calle habitan la urbe, ni tampoco su modusvivendi, sino, en una visión interdisciplinaria, el lograr comprender y atender el… ¿Por qué o cómo una persona termina en esas condiciones?

Recientemente se dio a conocer la noticia: “Indigente golpea a menor de edad con una piedra en CDMX”, pero… esa no es la primera vez que un suceso ocurre, ya que, en noviembre de 2021 en Perú: “Una niña de 3 años fue golpeada en la cabeza con un ladrillo por un indigente”. Pero, más allá de la increíble similitud entre ambos casos, lo preocupante es la lectura que se le puede dará la noticia: “Los indigentes son peligrosos y debemos apartarlos para evitar desgracias”.

De acuerdo con investigaciones del Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones en la Ciudad de México (IAPA), el motivo principal por el que una persona opta vivir en la calle, son los problemas en el núcleo familiar, presentes en el 47% de los individuos. Por su parte, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia en la Ciudad de México (SEDESO), identificó como la causa número uno la violencia familiar, presente en el 59% de los individuos.

Teniendo estos datos presentes formulemos una pregunta: ¿Apartar, ignorar y violentar es la verdadera solución para erradicar los problemas originados por personas apartadas, ignoradas y violentadas?, De hecho, en CDMX solo existen 12 Centros de Asistencia e Integración Social (CAIS), administrados por la Secretaría de bienestar e inclusión social, enfocados a atender a las personas en situación vulnerable en cuanto a alimentación, refugio, apoyo médico y psicosocial se refiere.

En este punto, cabe mencionar que una de las motivaciones externas del crecimiento de las poblaciones callejeras es, a decir del especialista Danielle Strickland, la transformación en los modelos económicos de Estado, tendientes a disminuir el proteccionismo estatal y las políticas de redistribución del ingreso a través del gasto social. Entonces… ¿Con mayor inversión en CAIS, se solucionaría el problema?


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Las personas en situación de calle NO solo son responsabilidad de los CAIS, sino, de una sociedad mexicana que no ha entendido del todo, el como garantizar la inclusión, desarrollo y bienestar de sus individuos y ojo, no estamos hablando únicamente de recursos económicos, ya que, existen infinidad de casos en donde, las familias no se desintegran a pesar de encontrarse en pobreza extrema, sino, estamos hablando de algo superior que escapa al entendimiento del colectivo.

Una persona en situación de calle es eso… Una persona con: pasado, problemas, miedos, dolencias y en un sentido lógico, con sentimientos. Retomando el suceso del menor de edad violentado, bajo ninguna circunstancia estamos justificando o minimizando la gravedad del asunto, por supuesto, esperamos que el menor de edad no presente secuelas que afecten su calidad de vida, sencillamente tratamos de encausar la discusión a la solución de un problema mucho más profundo y que dicho suceso no signifique "una casería de indigentes", simplemente para ofrecer chivos expiatorios. 


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