Ámsterdam prohibe la publicidad de carne

La ciudad holandesa será la primera capital de un país en todo el mundo en vetar los anuncios de productos cárnicos en vallas, marquesinas y estaciones de metro a partir del 1 de mayo de 2026. La medida, impulsada por partidos ecologistas y animalistas, equipara la carne con los combustibles fósiles y genera dudas jurídicas y sectoriales. Ámsterdam no solo busca limpiar visualmente sus calles, sino desmantelar el marketing de productos que, según el consenso científico de su ayuntamiento, aceleran la crisis climática. La medida es quirúrgica: no es una prohibición al plato, sino al cartel.

Sin embargo, al cruzar el Atlántico, esta política neerlandesa aterriza en México no como una curiosidad administrativa, sino como una provocación directa a uno de los pilares de la identidad nacional.

¿Salud pública o censura comercial?

La lógica de Ámsterdam se basa en la responsabilidad climática. Al igual que se hizo con el tabaco y los combustibles fósiles, la ciudad argumenta que el espacio público no debe ser un megáfono para industrias con una huella de carbono desproporcionada.

El alcance: Se eliminan anuncios en paradas de autobús, pantallas digitales y mobiliario urbano gestionado por la ciudad.

El matiz: El consumo privado no se altera, pero se busca romper el "reflejo de compra" impulsado por la exposición visual constante.

El impacto en México: Por qué aquí la carne es intocable

Si intentáramos traducir esta medida al contexto mexicano, nos encontraríamos con una resistencia que trasciende lo económico. En México, la carne es un fenómeno multidimensional:

México es uno de los principales productores mundiales de carne de res y cerdo. Prohibir su publicidad afectaría no solo a las grandes empacadoras, sino a una cadena de suministro que sostiene a millones de familias en el sector agropecuario. De acuerdo con datos del Consejo Mexicano de la Carne (COMECARNE), en su Compendio Estadístico de 2024, el consumo per cápita de carne es de 82.7 al año, cuando se consideran carne en corte y productos cárnicos procesados. La carne no es un nicho ni una moda; es un consumo cotidiano, masivo y transversal.

A ese peso alimentario se suma el tamaño de la industria restaurantera. Cifras de la CANIRAC dimensionan al sector en más de 680,000 establecimientos, alrededor de 3.8 millones de empleos directos y una contribución cercana a 3% del PIB nacional, sin contar su impacto indirecto en turismo y servicios.

Identidad cultural

Desde la carne asada en el norte hasta los tacos de pastor en el centro, la proteína animal es el tejido conectivo de la socialización mexicana. "Quitar el anuncio" se percibiría como un ataque directo a una herencia gastronómica que es Patrimonio de la Humanidad.

A diferencia de Ámsterdam, donde la publicidad exterior está sumamente regulada, en México el sector restaurantero depende de la visibilidad urbana para atraer al consumidor local y al turismo. Mientras que en Europa el consumo de carne está en una fase de cuestionamiento ético y ambiental, en México el consumo per cápita sigue siendo un indicador de estatus y bienestar económico para las clases emergentes.

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Un choque de realidades

La reacción en México ante tales tendencias suele dividirse en dos frentes:

El sector industrial: Argumenta que este tipo de medidas violan la libertad de comercio. Señalan que México ya tiene regulaciones estrictas (como el etiquetado frontal y las restricciones a la publicidad dirigida a la infancia) y que añadir restricciones publicitarias sería un golpe fatal para la recuperación económica post-pandemia.

Activistas ambientales: Ven en Ámsterdam un faro de la política urbana moderna. Argumentan que México es sumamente vulnerable al cambio climático (sequías extremas en el norte ganadero) y que incentivar el consumo de carne es, a largo plazo, insostenible para los recursos hídricos del país.

El caso de Ámsterdam es un recordatorio de que los valores del espacio público están cambiando. Aunque hoy parezca impensable ver paradas de autobús en la CDMX o Monterrey sin anuncios de hamburguesas o cortes de carne, la presión internacional por el cumplimiento de los acuerdos climáticos podría forzar una conversación similar en la próxima década.

En definitiva, nadie va a dejar de comer tacos porque desaparezca un espectacular, sin embargo existen marcas que dependen del impacto visual masivo. Que no se pierda esa buena costumbre de ver un espectácular anunciando tu hamburguesa favorita, que se te antoje e ir a comprarla.


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