El 26 de mayo de 1998, el movimiento del High Energy en México perdió no solo a su máximo exponente, sino a la mente brillante que revolucionó la cultura de los sonideros en el país. Marco Antonio Barrera Silva, conocido mundialmente como Tony Barrera, fue hallado sin vida.
A 28 años de aquel trágico suceso, el vacío en las tornamesas sigue sin llenarse, y la pregunta que miles de seguidores se hicieron en los años 90 continúa flotando en el aire: ¿Quién apagó la voz de Polymarchs?
El hallazgo fue devastador. El cuerpo del DJ fue encontrado en su departamento de la unidad habitacional CTM Culhuacán, en la zona de Coyoacán, Ciudad de México. Los reportes forenses dibujaron una escena de crueldad absoluta: Tony Barrera fue asesinado por estrangulación, mostrando además evidentes huellas de violencia física y sexual.
Como suele ocurrir con las grandes figuras de la música urbana, la falta de respuestas oficiales dio paso a la especulación. Entre los pasillos de las vecindades y las pistas de baile corrieron rumores sobre presuntas deudas económicas o la posibilidad de que los agresores formaran parte de su círculo cercano. Sin embargo, las promesas de justicia se diluyeron con el tiempo. A casi treinta años del crimen, las autoridades jamás esclarecieron el caso, dejando el expediente sepultado bajo el polvo de la impunidad.
El nacimiento de un gigante: El imperio de Polymarchs
Para entender la magnitud de la tragedia, es necesario retroceder a las décadas de 1980 y 1990. Tony Barrera no era un DJ común desde que estudiaba en la Secundaria 106 de Tlatelolco; era el productor, coreógrafo y el imán de taquilla de Polymarchs, el legendario concepto de música electrónica y disco que cofundó junto a sus tíos, Apolinar y Mary Silva Barrera. A esto se le sumó Jaime Ruelas que también vivía en el Edificio Quintana Roo en Tlatelolco.
"Polymarchs no solo ponía música; era un espectáculo de primer mundo traído a las zonas populares de México", recuerdan los asiduos a sus eventos.
Bajo la batuta de Tony, el proyecto dejó de ser un simple sonidero para convertirse en una de las producciones más monumentales de América Latina. Introdujo complejos sistemas de audio e iluminación que competían con las mejores discotecas de Europa y Estados Unidos, logrando llenar desde plazas públicas hasta recintos masivos como el Palacio de los Deportes.
El Rey del High Energy
Tony Barrera se consolidó como el principal impulsor en México del High Energy, ese subgénero de la música disco con un tempo acelerado y bajos electrónicos marcados que se convirtió en el himno de una generación de jóvenes capitalinos. Su habilidad técnica para realizar mezclas en vivo con discos de vinilo —en una época donde no existían las computadoras ni los softwares de sincronización automática— era impecable. A esto se sumaba un carisma inigualable para animar a las masas; su voz era el hilo conductor que guiaba el éxtasis colectivos en cada tocada.