Artistas que que ignoraron (o esquivaron) a México

México posee una de las audiencias más pasionales, ruidosas y rentables del planeta. Llenar cuatro veces consecutivas un Foro Sol o agotar estadios en minutos es rutinario para las grandes giras internacionales. Sin embargo, en el mapa mental de la nostalgia melómana, queda un puñado de nombres legendarios que jamás pisaron un escenario azteca para dar un concierto formal, o que pasaron tan de largo que dejaron al público con una espina clavada para siempre.

A continuación, revisamos las verdaderas razones, mitos y realidades detrás de los artistas que se convirtieron en las "grandes deudas" de la industria del entretenimiento en México.

1. Eminem: el enigma del rap que no cruza la frontera

El caso de Marshall Mathers es, quizás, el que más frustración genera en las generaciones milenial y centenial. Eminem jamás ha dado un concierto formal en la Ciudad de México ni en las grandes capitales del país.

El mito: Corrieron rumores durante años que afirmaban que el rapero "odiaba México" o que tenía prohibido el ingreso por letras controversiales.
La realidad: La razón es puramente logística y personal. Eminem es conocido por aborrecer las giras largas fuera de Estados Unidos y Europa. Sus espectáculos internacionales suelen limitarse a festivales masivos muy específicos (como Abu Dabi, Arabia Saudita o selectas paradas en el Reino Unido). Salvo una brevísima e improvisada aparición en un festival playero de Baja California en 1999 (cuando apenas despegaba su carrera), el verdadero Slim Shady nunca trajo su producción completa a los recintos mexicanos.

2. Jennifer Lopez: la Diva del Bronx que olvidó el sur

A pesar de tener una base de seguidores masiva en Latinoamérica y explotar con orgullo sus raíces latinas (puertorriqueñas), J.Lo es una de las grandes ausencias en la historia de los conciertos en México.

¿Por qué no vino? Las pocas giras mundiales que ha emprendido a lo largo de su carrera (como el Dance Again World Tour en 2012 o el It's My Party Tour en 2019) se han concentrado masivamente en arenas de Estados Unidos, Europa y plazas muy selectas de Sudamérica. En años recientes, problemas de agenda, cancelaciones masivas de giras completas por baja venta en su propio país y un enfoque mucho más centrado en sus residencias de Las Vegas o filmaciones de Hollywood terminaron por sepultar la posibilidad de verla en directo en México.

3. Neil Young: el viejo roble indomable

El padrino del grunge, compositor canadiense y leyenda viviente del folk-rock, Neil Young, es un espectro para los melómanos mexicanos.

¿Por qué no vino? Young opera bajo sus propias reglas artísticas y políticas. Rara vez sale de los circuitos norteamericanos (EE. UU. y Canadá) o de festivales europeos muy tradicionales. Además, sus estrictas posturas ideológicas respecto al corporativismo, los patrocinadores de los grandes conciertos masivos y el manejo de las boleteras tradicionales han hecho que negociar una fecha fuera de su zona de confort sea una tarea titánica e imposible para los promotores locales.

4. Prince: el genio que nos dejó esperando

La ausencia de Prince Rogers Nelson es una herida abierta, pues el genio de Minneapolis falleció en 2016 sin haber tocado formalmente en México.

El casi acierto: A principios de los años 2000, los promotores estuvieron a nada de cerrar fechas para él en el Palacio de los Deportes. Fiel a su estilo impredecible, excéntrico y sumamente volátil con los contratos, las negociaciones se cayeron en el último minuto debido a exigencias técnicas y cambios imprevistos en su itinerario. Prince prefirió recluirse en sus giras por arenas estadounidenses y sus icónicos "after-shows" sorpresa, dejando a México vestido y alborotado.

5. Leonard Cohen: la poesía oscura que no resonó aquí

El profeta de la melancolía, el canadiense Leonard Cohen, recorrió el mundo de manera intensa en sus últimos años de vida para sanar sus finanzas tras ser estafado por su exrepresentante. Sorprendentemente, sus largas giras de estadios y teatros solemnes entre 2008 y 2013 nunca hicieron escala en el país.

¿La razón? Falta de nicho comercial claro en la época dorada de sus giras. Aunque Cohen es un artista de culto respetadísimo, los promotores de la década pasada no encontraron la viabilidad económica para cubrir los altos costos de su imponente orquesta en un formato que requería el silencio absoluto de un teatro, en un mercado mexicano entonces obsesionado con llenar estadios de rock masivo.

6. El caso de The Beatles es la madre de todas las asignaturas pendientes en la historia de la música en México. El cuarteto de Liverpool jamás tocó en el país, y su ausencia no se debió a una falta de interés de los promotores, sino a una combinación de burocracia, pánico moral y el pulso político de los años sesenta.

El concierto cancelado de 1965: el "no" del regente

La oportunidad más real de tener a los Fab Four en suelo mexicano ocurrió en 1965, en pleno apogeo de la Beatlemanía. La banda se encontraba realizando su célebre gira norteamericana (la misma del histórico concierto en el Shea Stadium). Un grupo de empresarios mexicanos ya había apalabrado una fecha para que se presentaran en el Estadio de la Ciudad de los Deportes (hoy Estadio Ciudad de los Deportes).

El plan se derrumbó por una orden política:

La censura oficial: Ernesto P. Uruchurtu, el todopoderoso Regente del Distrito Federal de la época —conocido como el "Regente de Hierro"—, negó rotundamente los permisos para el evento.

El argumento: Bajo la óptica conservadora del gobierno, el rock and roll era visto como un foco de rebeldía, delincuencia juvenil y "degradación moral". Uruchurtu declaró que la ciudad no estaba preparada para un espectáculo de tal magnitud y que no se arriesgaría a sufrir desmanes provocados por jóvenes "histéricos".

El desvío: Ante la negativa, la gira continuó su rumbo por Estados Unidos, y la oportunidad de ver a John, Paul, George y Ringo juntos en territorio nacional se esfumó para siempre, ya que el grupo abandonó los escenarios de forma definitiva en 1966.

7. Elvis jamás pisó México para dar un concierto, y las razones detrás de esto configuran uno de los episodios más bizarros de la historia cultural del país.

La historia de Elvis con México fue una auténtica telenovela de alcurnia diplomática, boicot radiofónico y un chisme inventado que sepultó cualquier posibilidad de ver al Rey del Rock and Roll en territorio nacional.

El chisme de los 50: "Prefiero besar a tres mujeres negras..."

En 1957, la carrera de Elvis estaba en su punto más alto de provocación y éxito. En ese contexto, un columnista de espectáculos mexicano de la época, Federico de León, publicó una nota que encendió la pólvora. Según el periodista, durante una entrevista, él le había preguntado a Presley si planeaba visitar México, a lo que el cantante supuestamente respondió: "Prefiero besar a tres mujeres negras que a una mexicana". En el México nacionalista y conservador de los años cincuenta, la frase fue tomada como un insulto imperdonable al honor del país.

La realidad detrás del mito

Años más tarde se demostró que la frase fue un invento total. El propio de León confesó tiempo después que inventó la cita como venganza porque el equipo de Elvis le había negado una entrevista exclusiva, y porque un cliente adinerado quería contratar al Rey para una fiesta privada en México y fue rechazado. Además, el lenguaje utilizado en la supuesta declaración no encajaba con la forma de hablar de Elvis, quien siempre fue sumamente respetuoso y tímido en sus encuentros con la prensa.

8. The Doors en México es la crónica de un viaje surrealista. A diferencia de los Beatles o Elvis, ellos sí pisaron el país y sí dieron conciertos, pero la forma en que lo hicieron se convirtió en uno de los episodios más extraños de la contracultura mexicana.

No vinieron a reventar un estadio masivo; terminaron tocando para la élite adinerada en un exclusivo club nocturno de la colonia Juárez.

Corría el año 1969. Meses antes, el festival de Woodstock había cambiado al mundo, y en México la tensión política estaba al límite tras la masacre de Tlatelolco en 1968. El rock estaba prácticamente proscrito por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, que veía cualquier gran aglomeración de jóvenes con pelo largo como una amenaza de revolución. En ese tenso escenario, un grupo de empresarios mexicanos, liderados por Mario Olmos, logró lo impensable: contratar a The Doors para dar una serie de conciertos en la Ciudad de México en junio de 1969.

El plan original: Se planeaba que la banda tocara en la Plaza de Toros México ante decenas de miles de personas.

El freno oficial: El gobierno negó rotundamente los permisos para el evento masivo. La orden fue clara: no se permitirían miles de jóvenes reunidos cantando himnos de rebelión.

El giro bizarro: De la Plaza de Toros al "Forum"

Para no perder los contratos ni el dinero invertido, los promotores tuvieron que improvisar de forma drástica. Trasladaron los conciertos a un recinto privado y exclusivo: El Forum, un club nocturno de etiqueta ubicado en la calle de Florencia, en la Zona Rosa. Público de etiqueta: En lugar de los jóvenes rebeldes, estudiantes y "hippies" que consumían la música de la banda, el público estuvo compuesto por la alta sociedad mexicana, políticos, empresarios y "juniors" adinerados que pagaron entradas carísimas.

Cena y show: The Doors, una de las bandas más psicodélicas y peligrosas del planeta, terminó tocando mientras los asistentes cenaban cortes de carne y tomaban champaña.

Un Jim Morrison irreconocible: Morrison llegó a México en una de sus etapas más densas: barbón, con sobrepeso, cansado del mito de "símbolo sexual" y notablemente más calmado (venía arrastrando el escándalo de su arresto en Miami por supuesta exposición indecente). Lejos de los desmadres que solía armar, Morrison se comportó de manera profesional y casi solemne sobre el escenario del club.

Durante su estancia de casi una semana en la capital, los miembros de la banda aprovecharon para hacer turismo, dejando postales icónicas que parecen sacadas de un sueño febril.

Visitaron las Pirámides de Teotihuacán —donde Morrison subió a la Pirámide del Sol para meditar—, pasearon por el Museo Nacional de Antropología y visitaron la mítica Plaza de las Tres Culturas. Incluso existen crónicas que aseguran que el propio Morrison terminó la fiesta en algunas cantinas subterráneas del centro de la ciudad y en "hoyos fonqui" (recintos clandestinos de rock) de la periferia, buscando el verdadero pulso de la juventud mexicana que se le había negado en sus conciertos oficiales.

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Dentro de la lista de los "artistas que nunca vinieron", el imaginario colectivo suele meter de forma errónea a un par de nombres. Bob Dylan, Led Zeppelin  y The Who sí tocaron en México, rompiendo la maldición tras décadas de espera.

Bob Dylan: Lejos de no haber venido, Dylan ha visitado México en múltiples ocasiones. Pisó tierras mexicanas en una mística y pequeña presentación en Guadalajara en 1991, llenó el Auditorio Nacional en 2008 con su Never Ending Tour, y regresó en 2012 para inaugurar el Pepsi Center de la CDMX.
The Who: La banda de Pete Townshend y Roger Daltrey arrastró el mito de "nunca venir" durante 50 años. Sin embargo, la deuda se saldó de forma histórica el 12 de octubre de 2016, cuando reventaron el Palacio de los Deportes en un concierto catártico que demostró que la espera había valido la pena.

Led Zeppelin nunca tocó en México con el grupo completo. Su única presentación histórica en el país ocurrió el 23 de septiembre de 1995, cuando sus exintegrantes Jimmy Page y Robert Plant ofrecieron un concierto en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México durante su gira mundial.

La lista de los que faltaron se hace cada vez más corta a medida que México se consolida como la meca en vivo de América Latina, pero nombres como Eminem o Prince quedarán para siempre grabados en la categoría de los mitos inalcanzables del escenario nacional.

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