Curiosamente, al igual que el fútbol, los automóviles también cuentan historias. Basta observar una fotografía de México 86 para descubrir que los autos estacionados alrededor del Estadio Azteca son tan representativos de aquella época como los uniformes o los peinados de los jugadores.
Además, aquellos años representaban una etapa de transición para la industria automotriz mexicana. Los automóviles eran más compactos, mecánicamente sencillos y relativamente fáciles de reparar.
Muchos conductores conocían a detalle el funcionamiento de sus vehículos y no era raro ver a los propietarios realizando ajustes menores en casa. Los viajes por carretera durante el Mundial se convirtieron en una tradición para miles de aficionados que recorrían largas distancias para asistir a los partidos en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey.
En esas rutas, los motores carburados, los radiocasetes y las ventanas manuales formaban parte de una experiencia de manejo que hoy parece lejana, pero que permanece viva en la memoria de quienes la vivieron.
A cuarenta años de distancia, el Mundial regresa a México con vehículos eléctricos, híbridos y cada vez más conectados. Sin embargo, para quienes amamos los autos, aquellos modelos de 1986 siguen ocupando un lugar especial. Porque así como Maradona dejó una huella imborrable en las canchas, el Vocho, el Caribe y el Tsuru también dejaron la suya en las calles de un México que aprendió a soñar en grande.
¡adiós!