La primavera de 1968 en Nueva York tenía un epicentro de genialidad y decadencia: el Hotel Chelsea. En sus pasillos alfombrados se cruzaban poetas, yonquis, pintores y estrellas de rock. Fue en ese ecosistema, específicamente dentro de un ascensor antiguo que crujía al subir, donde se gestó uno de los encuentros más honestos, explícitos y trágicos de la historia de la música popular.
Esta es la historia de cómo un poeta canadiense elegantemente deprimido y la reina del blues-rock tejieron un romance de pocas noches que quedaría inmortalizado para siempre en la canción "Chelsea Hotel No. 2".
El encuentro: Una mentira piadosa a las 3 de la mañana
Leonard Cohen tenía poco más de 30 años. Aunque ya era un poeta respetado en Canadá, su carrera musical apenas despegaba. Se alojaba en el Chelsea buscando inspiración, o al menos una buena distracción. Janis Joplin, por su parte, ya era un torbellino indomable al frente de la Big Brother and the Holding Company, devorando la vida a grandes tragos de Southern Comfort.
La madrugada del encuentro, Cohen bajó al vestíbulo. Años más tarde, el propio Leonard relataría la escena con su característico humor seco: "Iba buscando a Brigitte Bardot. No la encontré, pero me subí al ascensor con una mujer" Esa mujer era Janis. Llevaba el pelo enmarañado, boas de plumas y collares ruidosos. Janis no buscaba a Cohen; buscaba a Kris Kristofferson, el galán del country del momento. Al mirarse en el confinamiento del elevador, Janis le preguntó directamente si sabía quién era el hombre que ella buscaba.
Cohen, viéndose ante una mujer imponente y sin querer perder la oportunidad, recurrió a una mentira piadosa pero brillante: "Sí", respondió con su voz cavernosa, "yo soy Kris Kristofferson" Janis soltó una carcajada. Sabía perfectamente que ese hombre menudo de rasgos afilados y traje folclórico no era el gigante de Texas. Sin embargo, la audacia de Cohen la cautivó. Subieron juntos a la habitación.
El romance no fue un idilio de rosas ni poesía cortesana. Fue un encuentro de dos almas profundamente solitarias que utilizaron sus cuerpos para ahuyentar el frío de la noche neoyorquina. Lo que hizo único este breve romance fue la brutal honestidad con la que se trataron. Ambos cargaban con severas inseguridades sobre su aspecto físico en una industria que empezaba a adorar la belleza plástica. Cohen lo dejó plasmado en los versos más famosos y controvertidos de la canción: "We are ugly but we have the music" (Somos feos, pero tenemos la música).
Era un pacto implícito. No se gustaban por ser bellos; se reconocían a través de su arte y de sus carencias. La canción pasa a la historia también por su cruda y famosa descripción de un acto de sexo oral en una cama deshecha, rompiendo con el romanticismo edulcorado de la época para mostrar el sexo como un refugio mundano y real.
Disfrutaron de su compañía durante un par de noches. Después, la vorágine de las giras y los excesos los separó. No hubo promesas de amor eterno, ni cartas de despedida desgarradoras. Simplemente se dejaron ir.
En octubre de 1970, Janis Joplin murió por una sobredosis de heroína en Los Ángeles. Tenía solo 27 años. La noticia conmovió al mundo y sacudió a Cohen. Inspirado por el recuerdo de aquellas noches en el hotel, comenzó a escribir unos versos en la parte trasera de un manifiesto de aviación mientras viajaba a Miami. El tema evolucionó, tuvo una versión temprana ("Chelsea Hotel No. 1") y finalmente se convirtió en el clásico "Chelsea Hotel No. 2", incluido en su álbum New Skin for the Old Ceremony (1974).
Durante años, Cohen cantaba el tema introduciéndolo con una anécdota en la que revelaba explícitamente que la canción hablaba de Janis Joplin. Décadas después, un Cohen más maduro y caballeroso confesó públicamente que ese había sido el mayor error de su carrera. Sentía que había traicionado la confianza de Janis al revelar su identidad en una canción tan íntima, especialmente cuando ella ya no estaba en este mundo para dar su versión o reírse con él. "Fue una indiscreción de la que me arrepiento profundamente", declaró en una entrevista de la BBC.
Janis Joplin y Leonard Cohen apenas fueron un parpadeo en las vidas del otro. Sin embargo, en la mitología del rock, su encuentro en el ascensor del Hotel Chelsea permanece como el recordatorio perfecto de que, a veces, dos personas "feas" y rotas pueden subir a una habitación y crear algo hermosamente eterno.