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Esto sabemos del tren Naucalpan - Buenavista

Cada mañana, miles de habitantes del municipio de Naucalpan de Juárez, en el Estado de México, emprenden una travesía titánica para llegar a sus centros de trabajo y estudios en la capital del país. Las arterias viales como Periférico Norte, la calzada San Esteban o las rutas hacia Cuatro Caminos colapsan sistemáticamente, convirtiendo los traslados en un suplicio de horas.

Ante este panorama de saturación vehicular y pérdida de calidad de vida, el proyecto del Tren Ligero Río Hondo-Buenavista (también conocido como el tren Naucalpan-Buenavista) ha vuelto a cobrar un protagonismo central en la agenda política y de movilidad metropolitana. Concebido originalmente como una aspiración de décadas, este sistema de transporte masivo promete transformar la conectividad entre el Estado de México y la Ciudad de México, bajo la premisa de ofrecer un viaje rápido, ecológico y seguro.

¿De qué trata el proyecto?

El proyecto contempla la habilitación de un sistema de tren eléctrico superficial con una longitud estimada en 14.6 kilómetros. De acuerdo con los trazos de ingeniería conceptual y los estudios de viabilidad:

Distribución geográfica: Cerca de 7.4 kilómetros correrán por el municipio de Naucalpan, partiendo de la zona de Río Hondo y pasando por puntos clave como El Molinito, Naucalpan Centro-Conde y Ahuizotla; los 7.2 kilómetros restantes se adentrarán por tres alcaldías de la Ciudad de México hasta llegar a la emblemática estación Buenavista.
Conectividad estratégica: Uno de los mayores atractivos del sistema es su capacidad de red. En Buenavista, los usuarios podrán realizar trasbordos con la Línea B del Metro, el Tren Suburbano (que conecta con Cuautitlán) y diversas líneas del Metrobús, además de integrarse con rutas alimentadoras locales.
Demanda estimada: Proyecciones preliminares de movilidad apuntan a que este corredor podría atender a un flujo cercano a los 192,000 pasajeros por día, aliviando de manera drástica la carga vehicular de la zona poniente del Valle de México.

La idea de conectar Naucalpan con Buenavista a través de un sistema ferroviario ligero no es nueva; ha naufragado durante años entre planes maestros sexenales y limitaciones presupuestales. Sin embargo, el proyecto ha retomado fuerza recientemente gracias a la coordinación entre los gobiernos federal, estatal y municipal.

Actores políticos locales, como el liderazgo municipal en Naucalpan, han catalogado la obra como una prioridad histórica indispensable para saldar la deuda social con las comunidades de la periferia. Paralelamente, la administración estatal ha impulsado mesas de trabajo enfocadas en la integración de este sistema dentro de una estrategia metropolitana más amplia de transporte masivo (que incluye proyectos como el Mexicable y trolebuses en distintas regiones del Edomex).

El estado actual: Estudios técnicos, financiamiento y retos

A pesar del optimismo institucional, el Tren Ligero Río Hondo-Buenavista se encuentra actualmente en una fase crítica de consolidación técnica y financiera:

Estudios de viabilidad: Se han desarrollado análisis profundos que comprenden la oferta y demanda, impacto ambiental, ingeniería de transporte, diagnóstico de infraestructura existente y análisis de costo-beneficio.
Cooperación internacional y diseño: Diversos tramos de planeación han contado con el respaldo de estudios fondeados por organismos internacionales y ejecutados por empresas expertas en movilidad, evaluando la traza exacta para mitigar afectaciones urbanas.
Retos presupuestales y logísticos: El principal desafío radica en asegurar la asignación plurianual de recursos dentro del Presupuesto de Egresos, así como librar los complejos derechos de vía y cruces urbanos densamente poblados que caracterizan al poniente del Valle de México.

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El Tren Ligero Río Hondo-Buenavista representa mucho más que una línea ferroviaria: es una apuesta indispensable para repensar la sustentabilidad urbana en el centro del país. Si las fases de dictaminación técnica, licitación y construcción logran superar los obstáculos financieros y burocráticos, millones de mexiquenses dejarán atrás las horas perdidas en el tráfico para ganar tiempo de vida.

La consolidación de este proyecto marcará un hito en la integración metropolitana, demostrando que el transporte público de alta capacidad y cero emisiones locales es el único camino viable para las grandes urbes del siglo XXI.

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