Durante más de un siglo y medio, los habitantes de Puebla caminaron sobre sus propias leyendas. Se decía en las sobremesas que, debajo del trazado barroco del centro histórico, existía una intrincada red de pasadizos secretos utilizada por obispos, rebeldes y ejércitos. Para la mayoría de los historiadores y urbanistas, no eran más que cuentos del folclor poblano.
Hasta que en 2015, una cuadrilla de obras públicas perforó el suelo en la zona del Puente de Bubas y descubrió que el mito era real.
Un hallazgo sepultado por el tiempo
El descubrimiento desenterró una pasarela subterránea de arcos de piedra y ladrillo que se extiende por kilómetros bajo la ciudad. Estimaciones arqueológicas sugieren que las estructuras datan de los siglos XVI al XIX, permaneciendo selladas y cubiertas por el lodo y los desbordamientos del río San Francisco durante más de 150 años.
Lejos de ser simples drenajes colonialistas, las dimensiones de estos pasadizos —algunos con más de dos metros de altura— revelaron que fueron diseñados para el tránsito continuo de personas e incluso caballos.
Los estudios realizados en la red subterránea, hoy conocida en parte como el Pasaje Histórico 5 de Mayo, revelan tres usos clave a lo largo de la historia de la ciudad:
Estrategia Militar: Durante la célebre Batalla del 5 de Mayo de 1862 y el Sitio de Puebla en 1863, los túneles conectaban puntos defensivos cruciales como los Fuertes de Loreto y Guadalupe con el centro de la ciudad, permitiendo el traslado discreto de tropas, armas y suministros frente al ejército francés.
Redes Eclesiásticas: En la época colonial, las órdenes religiosas habrían utilizado pasadizos para conectar conventos, monasterios y templos, garantizando la movilidad discreta del clero y el resguardo de bienes valiosos durante tiempos de inestabilidad política.
Ingeniería Hidráulica: Algunos tramos formaban parte del antiguo sistema de saneamiento y canalización de cauces naturales que cruzaban la incipiente Puebla de los Ángeles.
Hoy en día, el proyecto Secretos de Puebla ha hecho accesible al público varios tramos restaurados. Los visitantes pueden recorrer pasajes abovedados equipados con iluminación museográfica y cédulas explicativas que muestran artefactos encontrados durante las excavaciones: balas de cañón, bayonetas, herramientas de época y piezas de cerámica colonial.
El hallazgo no solo transformó la arqueología urbana de México, sino que confirmó que la verdadera historia de Puebla no solo se escribió en sus fachadas de talavera, sino también a metros bajo el suelo.