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Julio César N., el tirador de Teotihuacán: admirador de Hitler, obsesionado con Columbine y la violencia nihilista

Las autoridades del Estado de México identificaron al responsable del tiroteo en la Pirámide de la Luna como Julio César N., de 27 años, originario del norte de la Ciudad de México.

El agresor murió en el lugar, al igual que una turista canadiense de 32 años. Un solo hombre armado con una pistola mantuvo en vilo durante varios minutos a decenas de personas en la cima de la Pirámide de la Luna, en la zona arqueológica de Teotihuacán. Entre los presentes había numerosos turistas extranjeros. Videos grabados por visitantes desde la base de la pirámide muestran a la gente tirada en el suelo o escondida detrás de las estructuras de piedra, mientras el atacante caminaba con aparente calma por la plataforma superior.Según las imágenes, Julio César N. se movía con deliberada lentitud.

Se acercó a su mochila, sacó lo que parecen ser cartuchos, regresó hacia donde se encontraban las personas tendidas y disparó varias veces de forma espaciada. Las grabaciones, tomadas a distancia, captan cómo levantaba el arma, apuntaba al aire y luego hacia el suelo, como si escenificara cada acción.El balance preliminar indica que el agresor hirió con arma de fuego a siete personas. Otras seis resultaron lesionadas por caídas o golpes durante el pánico. Aunque las primeras versiones oficiales señalaron que el tirador se suicidó, otros videos muestran a elementos de la Guardia Nacional persiguiéndolo y detonaciones de armas de mayor calibre. Hasta el momento, las autoridades no han aclarado con precisión las circunstancias de su muerte.

Poco se sabe aún sobre los motivos exactos de Julio César N. Vivía en Cda Plan de San Luis 18 Col. La Purísima, Ticomán, alcaldía Gustavo A. Madero, según documentos encontrados entre sus pertenencias. Sin embargo, su historial en redes sociales revela claras afinidades con la ultraderecha extremista: admiraba a Adolf Hitler, publicaba fotografías haciendo el saludo nazi y mostraba fascinación por la masacre de Columbine (20 de abril de 1999), uno de los crímenes más emblemáticos de la “true crime community”.

El ataque ocurrió precisamente el 20 de abril, fecha del nacimiento de Hitler y aniversario de la matanza de Columbine. Además, el agresor vestía una playera con la leyenda “Disconnect & Self-Destruct”, una frase popular en círculos que romantizan o estudian crímenes masivos y suicidios espectaculares.

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Este caso presenta características de lo que expertos denominan “violencia performativa” o “violencia nihilista”: atacantes varones jóvenes que actúan contra víctimas aleatorias en espacios públicos, buscando notoriedad y dejando mensajes simbólicos. Un patrón que ha aparecido en distintos países y que suele alimentarse en foros y comunidades digitales.En México, el incidente de Teotihuacán se suma a otros ataques recientes con perfiles similares. Hace tres semanas, un adolescente de 15 años asesinó a dos profesoras en Michoacán con un rifle AK-47 tras publicar videos posando con el arma y mensajes vinculados a la “machosfera” y comunidades incel. En septiembre de 2025, un joven de 19 años apuñaló mortalmente a un estudiante en un bachillerato de la UNAM, dejando rastros de profundo resentimiento y soledad en sus publicaciones.

Mientras el país celebraba la semana pasada la reducción histórica de homicidios vinculados al crimen organizado, el ataque en Teotihuacán pone de manifiesto la emergencia de una violencia distinta: individual, inspirada en ideologías de odio en internet y que no responde a disputas territoriales de cárteles. Un fenómeno transfronterizo que exige atención específica por parte de las autoridades.

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